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lunes, 28 de febrero de 2011

Lady Madeline & Lady Madeleine * Madeleines de cocoa y naranja

A ti, que dedicas tiempo a la lectura de este blog, te regalo estas líneas.


"Mientras hablaba, Lady Madeline (que así se llamaba) pasó lentamente por un lugar apartado del aposento y, sin notar mi presencia, desapareció."
La caída de la Casa Usher, Edgar Allan Poe





Mi fascinación por Edgar Allan Poe no es un secreto, y es que pareciera que no leo más allá de él. Tengo que confesar que desde hace varias semanas me había impuesto la tarea de escribir una nueva entrada para mi abandonado blog, el trabajo -que por fortuna no me ha abandonado- no me permitía acercarme el tiempo que yo quisiera frente al teclado, medio maravilloso para llegar a ti, charlar contigo, intercambiar palabras y cocinar juntos, tan sólo bastaba hacerme un poco de tiempo y recordar que podemos compartir un momento para agregar una entrada más.


Para retomar mi quehacer en este blog, me he servido nuevamente de la mano de mi admirado Poe. Así es que en esta ocasión decidí pasearme por los renglones de su emblemático cuento La caída de la casa Usher.


Es innegable la carga autobiográfica en casi todas las obras del maestro. En sus cuentos y mucha de su poesía es constante la presencia de su inseparable compañera de la guadaña, de la locura -carta sin número en el tarot- y de imágenes oníricas, aunque no hay que pasar por alto que también tiene creaciones plagadas por un humor ácido, irónico, punzante, brillante y en contraste y a la vez negro. Sus protagonistas suelen ser hombres atormentados, obsesivos, alcohólicos o mujeres enfermizas.


En "La caída de Casa Usher", una extraña enfermedad parece ser parte de la información genética de este linaje. Al igual que Poe, Roderick Usher ha visto cómo sus seres amados han sido pasto de la muerte, su carácter antes jovial y alegre se torna trastornado y oscuro, vive en el encierro no sólo del caserón sino también de sus obsesiones. Existen hipótesis que señalan que en este cuento Poe vuelve a jugar con la idea del doble (William Wilson) pues Roderick encarna el terror que hacía presa de Poe, ya sea por la enfermedad, por el consumo de opio y alcohol o por los horrores de la vida cotidiana. Madeline, hermana de Roderick, parece representar la figura de la joven esposa de Poe, Virginia Clemm, a quien Poe veía como a una pequeña hermana y por la cual poco pudo hacer cuando esta fue presa de la tuberculosis (enfermedad que años antes también le arrebató a su madre biológica y a Frances Allen, su madre adoptiva), con este doloroso suceso Poe vió como su vida empezó de nuevo a derrumbarse.


Con el fin de Roderick y de Lady Madeline la el linaje de los Usher se ve sepultado por siempre ¿será que a Poe le parecía idónea la idea de que estos dos seres no dejaran sobre la faz de la tierra seres inoculados con la locura? Su propio hogar al derrumbarse se volvió tumba de estos desdichados. Este telúrico fin, seguramente halló inspiración en la novela gótica "El castillo de Otranto" de Horace Walpole.


The fall of the house of Usher se publicó por primera vez en las páginas de la revista literaria Burton's Gentleman's Magazine en septiembre de 1839, meses después se publicaría en el Volúmen I de una colección de dos tomos titulada Tales of the Grotesque and Arabesque. Las primeras adaptaciones al cine ocurrieron 89 años después, de mano de franceses La chute de la Maison d'Usher (Jean Epstein) -de donde tomo la foto de arriba- y norteamericanos The fall of the house of Usher (James Sibley Watson & Melville Webber). Ambas cintas silentes, en glorioso blanco y negro y plagadas de maravillosas imágenes.





Y así como éstas dos nacionalidades se ven unidas por el autor ¿Por qué no hacer un postre francés en honor a un personaje surgido de la mente de este emblemático autor norteamericano? Después de todo, en Francia lo adoraron incluso antes que en su patria. Sólo me queda una mención antes de pasar a la deliciosa receta, estos pastelillos se escriben igual en francés y en inglés; pero el nombre del personaje femenino del cuento sí varía: en inglés se escribe Lady Madeline, mientras que en francés se escribe igual que el postre de hoy Madeleine. Sin embargo, debemos coincidir en que más allá de las diferencias todos estaremos de acuerdo en que ese delicado pastelillo es una verdadera delicia (¿Verdad, Marcel Proust?), sobre todo esta versión que hoy te comparto esta variación de la receta de madeleines de chocolate y limón del maestro Pierre Hermè. Anímate a prepararlas y ¡blog appétit!







Deliciosas Madeleines de cocoa y naranja (14 piezas pequeñas)




  • 1/2 t más 1 cucharada de harina de trigo

  • 3 1/2 cucharadas de cocoa amarga en polvo

  • 1/2 cucharadita de polvo para hornear

  • 1/3 de taza de azúcar blanca

  • 1 pizca de sal

  • 1 naranja (la ralladura SIN llegar a la parte blanca)

  • 2 huevos

  • 6 1/2 cucharadas de mantequilla a temperatura ambiente.

Hay que hacerlas así:


Mezcla la harina con la cocoa y el polvo para hornear.






Aparte combina el azúcar con la ralladura, frótalos entre sí para activar los aceites de la naranja.






Combina el azúcar con los huevos y la sal hasta que obtengas una mezcla ligeramente espumosa.






En otro tazón, acrema la mantequilla hasta que esté pálida, entonces agrega la mezcla de huevos. Incorpora bien.



Añade los ingredientes restantes sin batir en exceso.




Cubre la masa y déjala reposar en el refrigerador durante toda la noche.



Precalienta el horno (15 minutos es la cifra mágica) a 220°C (425°F). Rellena los moldes para madeleines hasta el borde y hornea de 10 a 15 minutos hasta que esponjen y estén firmes al tacto.




Desmolda y deja enfriar sobre una rejilla.








Y como siempre digo, disfruta de estos pastelillos acompañando alguna de tus lecturas favoritas, o si quieres complacer a alguién muy querido, te aseguro que lo lograrás con estas deliciosas Madeleines o Madelines, como tú elijas.






Importante: Las fotos que no son propiedad de este blog las obtuve aquí, también en esta página y aquí.

jueves, 19 de agosto de 2010

Tan blanca como la almendra, tan roja como la ciruela y tan oscuro como el chocolate * Panquecitos de ciruela y chocolate blanco



"Era un crudo día de invierno, y los copos de nieve caían del cielo como blancas plumas. La Reina cosía junto a una ventana, cuyo marco era de ébano. Y como mientras cosía miraba caer los copos, con la aguja se pinchó un dedo, y tres gotas de sangre fueron a caer sobre la nieve. El rojo de la sangre se destacaba bellamente sobre el fondo blanco, y ella pensó: "¡Ah, si pudiese tener una hija que fuese blanca como nieve, roja como la sangre y negra como el ébano de esta ventana!"




Blanca Nieves (Hermanos Grimm)



Los cuentos de hadas no cumplen únicamente con la función de ayudar a entrar en el mundo de los sueños a los pequeños insomnes. Además, estas historias tienen la posibilidad de ayudarnos a transitar de una etapa de nuestra vida a otra.



Sin darnos cuenta, los cuentos de hadas son reflejo de nuestras propias vivencias. Nos podemos identificar con las historias, con algún personaje o con algún detalle en particular. En algún momento de su vida, al niño le encantan las apariciones de reyes y reinas pues éstas figuras representan el poder absoluto, cuestión realmente maravillosa para un niño ubicado en su etapa de egocéntrico; en otra etapa se identifica con la angustia de Hansel y Gretel al alejarse de la comodidad y calidez del hogar; más tarde temerá al lobo devorador de niñas con caperuza que encarna al padre al que se le teme y odia.



Son innegables los mensajes ocultos que, gracias al psicoanálisis, se van develando en las historias de nuestra infancia. Sin embargo, y con el riesgo de perder perspectiva debido a mi añeja fascinación por la "Malvada Reina", no me ceñiré a la interpretación que del cuento hace Bruno Bettelheim (Psicoanálisis de los cuentos de hadas, 2003) y me atreveré a hacer mi propia disección de la historia. Arrogante, sí, pero la malvada Reina, bien vale el atrevimiento.



Primero que nada, me niego a clasificar a la Reina como una narcicista por el hecho de que continuamente consultaba a su espejo mágico, definitivamente dudo que un narciso ocultaría su belleza bajo el disfraz de una vendedora o una decrépita mujer. No es raro, además, que alguien se mire al espejo, todos los sujetos nos constituímos a través de la mirada del otro, que en el caso de la Reina es su espejo.



Sigmund Freud trató, entre muchos otros casos, la fobia de un niño llamado Hans, pero el análisis que Lacan hace del caso me parece más profundo pues incorpora elementos que Freud no contempló. En el caso Hans, el niño vivía aterrorizado por la idea de ser mordido por un caballo. Gracias al psicoanálisis, se determina que el pequeño atravesaba por la fase edípica y por esa razón deseaba que el padre muriera para poder vivir únicamente con la madre. Los deseos del niño le provocaban un gran sentimiento de culpa por lo que se creía merecedor de la mordida del caballo que además materializaba la amenaza de la castración. Los niños trasladan sus temores hacia otros objetos, personas o animales. En Blancanieves, el deseo de la pequeña por que la madre desaparezca, puede ser evidente por la ausencia de la propia Blancanieves, el niño siente culpa por desear la desaparición de la madre y por lo tanto, es ella quien desaparece en la oscuridad más allá de los límites del castillo.



La pequeña princesa se pierde en el bosque, lo que puede ser interpretado como la transición hacia otro estadio, en la que el alejamiento de los padres es necesaria (por la escuela, por el viaje de alguno de los padres, etc.). Esa nueva fase, además de traer miedos traerá también descubrimientos.



Lejos de su hogar, conoce a los enanos, hombres trabajadores que le enseñan sobre las nuevas responsabilidades en esta recién explorada etapa en la vida de la pequeña.

Aquí unos panquecitos "enanos" que le hacen compañía a Blancanieves.





Por otra parte, se habla de los celos que la pequeña Blancanieves despertaba en la Reina, pues la pequeña cada vez era más bella, hasta el punto de desplazar a su madre o madrastra (según la versión) del puesto como "la más bella del reino". Lo que yo creo, es que a la Reina le preocupaba más perder el poder, pues si pensamos en el Rey, la figura de éste es realmente débil y se le percibe como poco pendiente incluso de sus asuntos familiares, de manera que puedo inferir que quien reinaba en el castillo y en la comarca era ella, el poder debe ser una bebida más embriagante y adictiva.



A los cuentos de hadas les daremos diferentes interpretaciones dependiendo la etapa en la que los leamos. Pasa como cuando tomamos un libro que ya hemos leído, siempre descubriremos cosas nuevas, y eso es también parte de la magia, no sólo de los cuentos de hadas, sino de la lectura en sí.



Como un homenaje a uno de mis cuentos infantiles favoritos y aprovechando la época de las ciruelas (tengo que confesar que esta receta la hice hace dos meses), que bien pueden ser sustituídas por frutos del bosque donde vaga una niña tan blanca como la nieve, he aquí que he preparado esta receta inspirada por algunos elementos del cuento: Use chocolate y almendras tan blancas como la nieve, ciruelas tan rojas como la sangre y también chocolate oscuro, tan negro como el ébano.



Cuando pensaba en qué receta incluir para hablar de Blancanieves, lo primero y más obvio era hacer algo con manzanas, sin embargo la receta que a continuación te comparto, me parece casi tan deliciosa como los cuentos antes de dormir. Ojalá que te guste y te animes a prepararla.









Panquecitos de ciruelas y chocolate blanco




  • 100 g de chocolate blanco picado en trozos medianos

  • 300 g de harina de trigo cernida

  • 2 cucharaditas de polvo para hornear

  • 150 g de azúcar morena

  • 1 huevo

  • 1 cucharada (tbsp) de extracto de almendra

  • 225 ml de leche

  • 50 g de mantequilla derretida y fría

  • 300 g de ciruelas rojas deshuesadas y cortadas a la mitad (si no están de temporada, se pueden sustituír por frambuesas, zarzamoras o fresas)

  • 50 g de almendras molidas o en hojuelas

  • 24 capacillos de papel glasine medianos (pilotines). Ni no tienes capacillos pero cuentas con moldes para muffins, engrásalos y anharinalos antes de usar.




Manera de preparar estas delicias




Coloca los ingredientes secos en un tazón y mezcla bien. Aparte, integra los ingredientes húmedos, excepto la mantequilla. Une ambas mezclas y añade la mantequilla y el chocolate, mezcla con cuidado.




Acomoda los capacillos dentro de tus moldes para panquecitos. Llena tan sólo a la mitad de cada molde. Coloca media ciruela y agrega un poco más de la masa para cubrir la fruta. Recuerda que los moldes únicamente se llenan a 3/4 de su capacidad pues si llenas hasta el tope corres el riesgo de que se derrame la masa. Finalmente espolvorea con la almendra en polvo o en hojuelas.




A mí me gusta colocar los moldes de panquecito sobre otra charola para hornear y así evitar posibles quemaduras en la base de mis panquecitos. Hornea en horno precalentado a 180° C por 30 minutos o hasta lograr el consabido truco de introducir un palillo en el centro de alguno de los panqués y que éste salga limpio. Si metes más de una charola en el horno, procura rotarlas a mitad de la cocción para que todos queden uniformemente cocidos.






Saca del horno y coloca los panquecitos sobre rejillas para enfriar. Yo a veces no me resisto y me como un panqué calientito ¡Es una delicia comer el chocolate todavía caliente! Si tú, como yo, cuentas con boca con recubierta de asbesto, podrás saborear estas delicias todavía calientes.





Y si quieren esperar a la llegada del príncipe, los enanos, el cazador, el rey y la reina, asegúrense de tener listo el café para compartir estas delicias con tan animado grupo.

viernes, 6 de agosto de 2010

Horroris Causa, bien vale una horneada * Pastel de chocolate ultra-chocolatoso


"Duérmete mi niño y duérmete ya, porque viene el coco y te comerá".

En lo personal, y creo que ya lo había comentado, la literatura fantástica y de horror desde siempre ha sido mi favorita. Recuerdo cómo algunas de mis primas se peleaban el honor de ser "Blancanieves", yo siempre esbozaba una sonrisa de triunfo, pues mientras ellas peleaban yo sabía que no tendría competencia para "ser" la Malvada Reina, más guapa, más inteligente, más interesante. Cuando era niña quería ser una bruja y cada vez que me contaban o que leía el cuento clásico, ésto era posible ¡ñaca-ñaca! ó ¡cacle-cacle!


Aún en la actualidad, la lectura que más disfruto es aquella que habla de fantasmas, vampiros, licántropos y toda la galería del horror que sea posible.


Gracias a este tipo de lectura vuelvo a ser niña, de nuevo siento ese temor tan benévolo pues uno lo puede conjurar al meterse bajo las cobijas, al encender la luz o al cerrar el libro en turno. Cosa que no puede hacerse con las historias de horror que se escenifican en la vida diaria.




Coria's Library, sección vampiros

En mi búsqueda por conocer más acerca de esta afición, tuve la suerte de encontrar un curso llamado "Vampiros en la literatura y en el cine" en un maravilloso recinto universitario: Casa de Lago. Juan José Arreola ¡La academia le abría las puertas al horror!




El curso estaba a cargo del maestro Paulo Roberto Coria Monter, especialista en literatura y cine fantástico y de horror. El día de hoy, esta entrada no está dedicada a un texto específico. Hoy quiero dedicarlo a todos los libros que estuvieron a mi alcance gracias al curso del maestro Coria. Particularmente, esta entrada es para unirme a la celebración por el primer año del Blog amigo Horroris Causa, sitio donde el autor comparte sus recuerdos y nuevos descubrimientos literarios, cinematográficos y del día a día.



Horroris Causa, nació el 24 de julio de 2009, actualmente cuenta con un centenar de seguidores y la lista, estoy segura, seguirá creciendo.


En Letras y recetas no quise dejar tan importante fecha, pues el festejo es extensivo, así lo siento, para todos sus seguidores, admiradores de la generosidad de Coria Monter, quien semana a semana comparte algo de su sabiduría horrorífica.


Vaya desde aquí mi enhorabuena para el trabajo del maestro, no sólo por esta página, sino también por sus logros a través de su podcast "Testigos del crimen" , por sus publicaciones, sus cátedras magistrales (recientemente en IMCINE) y su batalla contra enemigos invisibles que templan el acero de su alma.


Para celebrar este aniversario, hoy se me ocurrió preparar un pastel de chocolate, cubierto con un baño también de chocolate -que además queda realmente húmedo- y coronado con coco rallado, éste último no sólo por el sabor pues en esta ocasión es un elemento con el que recuerdo esos sustos de la infancia "porque viene el coco y te comerá". Esta vez seremos nosotros quienes nos comamos al coco.



Pastel de chocolate ultra- chocolatoso

1 taza (250 ml) de crema ácida


1/2 taza (50 g) de cocoa


1/2 taza (125 ml) de agua caliente


2/3 (120g) taza de mantequilla a temperatura ambiente


1 3/4 (300 g) de azúcar común


1 cucharada (tbsp) de extracto de vainilla


2 huevos


2 1/4 (300g) tazas de harina


1 1/2 cucharaditas (tsp) de polvo para hornear


1 cucharadita (tsp) de bicarbonato de sodio


1/2 cucharadita (tsp) de sal


Baño de chocolate


1 cucharada (15g) de mantequilla


1 taza (120) de chocolate semiamargo picado


1 taza (220 g) de leche condensada


1 cucharadita (tsp) de extracto de vainilla


1/2 taza (40g) de coco rallado


Alas (de murciélago) a la obra


Mezcla la cocoa con el agua caliente y la pizca de sal, se va a formar una pasta. Reserva


Acrema la mantequilla con el azúcar. Añade los huevos uno a uno, bate bien después de cada adición, agrega la vainilla y la cocoa. Cierne la harina junto con el polvo para hornear y el bicarbonato e incorpóralos a la mezcla de mantequilla y huevos. Poco a poco y sin dejar de batir, agrega la crema ácida.


Vacía la mezcla anterior en un molde de rosca engrasado y enharinado. Mete a un horno precalentado por quince minutos y cocina a 180 ° C (350° F), por 45-50 minutos, o hasta que al introducir un palillo en el panqué éste salga limpio. Saca del horno y deja enfriar.


Ahora hay que preparar el baño de chocolate.


Calienta la leche condensada, cuando esté a punto de hervir retírala del fuego y vacía sobre el chocolate picado, mezcla suavemente. Agrega la mantequilla y mueve hasta mezclar bien. Cubre el pastel y rocía por encima el coco rallado.


Disfruta hasta la última migaja de esta delicia y celebra, que aunque a veces no parezca, en este mundo hay mucho por celebrar.



Feliz aniversario, con toda la admiración y la gratitud por darle seriedad a estos temas menospreciados por otros. Gracias por las enseñanzas, por todas las lecciones, en el aula y en la vida. Por eso y mucho más ¡Horroris Causa bien vale una horneada!

martes, 20 de julio de 2010

Oscuros Maullidos * Tarta de chocolate oscuro


"Me casé joven y tuve la alegría de que mi esposa compartiera mis preferencias. Al observar mi gusto por los animales domésticos, no perdía oportunidad de procurarme los más agradables de entre ellos. Teníamos pájaros, peces de colores, un hermoso perro, conejos, un monito y un gato.

Este último era un animal de notable tamaño y hermosura, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era no poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas. No quiero decir que lo creyera seriamente, y sólo menciono la cosa porque acabo de recordarla.
Plutón -tal era el nombre del gato- se había convertido en mi favorito y mi camarada. "

"El gato negro" Edgar Allan Poe (trad. Julio Cortázar)







A Edgar Allan Poe lo leí por primera vez cuando yo tenía unos doce años, sobra decir que desde entonces caí bajo su influjo. Nunca lectura alguna me había asustado y maravillado de tal manera, nunca hasta ese momento texto alguno me había rescatado de las garras de la triste realidad que permeaba mi vida.

Sí, a mis doce años vivía una triste realidad pues mi mundo empezaba a cambiar de una manera apresurada e inmisericorde, mi cuerpo, mi imaginación y mis sueños, incluso mi estructura familiar comenzaban una nueva época, de pronto la vida se parecía a algún argumento del programa de televisión "Dimensión Desconocida" en el que aparentemente todo era igual, pero en realidad era diametralmente distinto.

La vida, mi vida, que antes era como un cuento de hadas, ahora se volvía en el escenario ideal para una historia de horror.

El monstruo es un ser despreciado, el miedo que provoca nace de su peculiaridad, es el otro, el diferente, el que vive aislado por necesidad y algunas veces por elección. Cuando saltamos de la niñez a la pubertad nos volvemos el monstruo; nuestro cuerpo comienza a cambiar: con brazos y piernas más largos que nunca nos volvemos torpes, nuestro rostro se llena de pústulas de grasa, la voz no fluye como antaño, los ciclos lunares juegan con nuestro organismo, empezamos a transformarnos en licántropos incompletos. Por si eso fuera poco, no encontramos acomodo ni en nuestro círculo inmediato ni al exterior, en las reuniones familiares nos asignan lugar en la mesa "de los niños" que a estas alturas nos miran raro pues no somos más uno de ellos, en la calle nos ruborizamos si nos llaman "señorita" o "muchacho". Únicamente encontramos acomodo con quienes compartamos la tortura que representa la adolescencia, con quienes comparten nuestra nueva monstruosidad.

Pero aún, cuando estábamos alejados de nuestros iguales, nos podíamos acompañar por esos amigos que, hasta la fecha, con sus tatuajes de tinta negra nos narran historias, que nos regalan con la esperanza de darnos refugio entre sus paredes de papel, entre sus muros de cuero y cartón. Cosa maravillosa, además, leer nos volvía libres. Si desde el momento afortunado en que fuimos capaces de leer fuímos libres, ahora lo éramos más, de una forma nueva y más poderosa ¡Desde ahora no necesitabamos de la narración de alguno de nuestros padres para viajar en las historias celosamente contenidas en un libro que ellos escogían! Nosotros poseímos a la lectura y ella nos poseyó a nosotros.

En esa irrefrenable necesidad de conseguir un refugio seguro y mío, me encontré con el maestro Poe, poseedor de una maravillosa capacidad para lograr envolverme con la magia extraída desde la oscuridad de su alma y que de manera magistral transformó en cuentos,
en poesía, en novela, incluso en dramaturgia. Aunque parezca extraño, huía del horror de mi realidad para refugiarme en la literatura de horror ¿cómo es eso posible? De los monstruos de la vida real es difícil escapar, de los que se ocultan en los renglones de un texto nos ponemos a salvo con tan sólo cerrar el libro. Siempre podemos volver a él y de todas las visitas salimos venturosos.

Pensar en Poe, es pensar en la oscuridad, en las adicciones, en turbios secretos ocultos entre paredes o entre duelas; acompañarse con Poe es caminar de la mano de la locura, de lo onírico, es imaginar sabores amargos, dulces, picantes.

Inspirada por el maestro y por mi alegremente asumida adicción al chocolate oscuro, se me ocurrió hacer una tarta tan oscura como Plutón. No me importa si al comer un trozo de esta delicia mi frente o barbilla se ven coronadas por un grano ¡no me importa transformarme en monstruo! Un postre de chocolate ¡bien vale una misa!

Tarta de chocolate Plutón

Corteza

90g. de azúcar glass (impalpable, de confitería)

260g. de harina

20g. de cacao en polvo

1 pizca de sal

1/2 limón (la ralladura)

1 yema

1 c (tsp) de extracto de vainilla (por lo que más quieras ¡que no sea artificial!)

1 c de café soluble

140 g de mantequilla (manteca) fría y cortada en cubos pequeños.

Se hace así:

Bate ligeramente la yema y agrega el extracto de vainilla y el café. Reserva.

Cierne la harina, el cacao y el azúcar, enseguida coloca estos ingredientes en el procesador de alimentos (robot), procesa un poco y enseguida añade la sal, la ralladura y la mantequilla, mezcla hasta que se hayan formado trozos del tamaño de un chícharo (arveja, guisante). Agrega la yema que mezclaste con la yema y el café, procesa hasta que los ingredientes esten integrados. Si tienes duda, toma un poquito de esta masa y mézclala entre tus dedos, la pasta de quedar unida y húmeda.

Enharina una superficie de trabajo y forma un bollo con la masa anterior, procura manipularla lo menos posible ¡no amases por que se volvería muy quebradiza!

Envuélvela en plástico adherente y refrigera por media hora. Cuando saques la masa del refrigerador (heladera) córtala y vuelvele a unir, esto es para distribuír uniformemente la temperatura, recuerda no manipular demasiado. Vuelve a formar la bola o bollo y con el rodillo extiende sobre una superficie enharinada. La masa debe quedar de unos 6mm de grosor. Forra un molde para tarta y hornea en blanco o a ciegas (¿?). Para hornear en blanco coloca papel encerado sobre la masa cruda y agrega peso, puedes agregar arroz o frijoles crudos (caraotas, porotos, habichuelas, alubias). Cocina en horno precalentado a 170° C de 20 a 25 minutos.

Una vez cocida, saca del horno y deja enfriar para poderla rellenar.


Relleno de chocolate oscuro muy oscuro:

300g de chocolate oscuro al 70% picado

250ml (1taza) de crema para batir

60g de mantequilla en trozos y a temperatura ambiente

1/4 t de jengibre confitado en cuadritos*

chocolate oscuro y blanco rallado para decorar (opcional)

Se hace así:

Pon a calentar la crema, antes de que empieze a hervir retírala del fuego y vacía sobre el chocolate picado, deje reposar un par de minutos y luego mezcla bien, agrega poco a poco la mantequilla. En escencia, esto es una ganache, con esta mezcla se pueden rellenar y cubrir pasteles o hacer trufas.

Coloca los pedacitos de jengibre en la corteza de la tarta y enseguida añade la ganache de chocolate. Deja enfriar hasta que el relleno tome consistencia y ¡a maullar de gusto probando esta delicia oscura!

¡Chocolateeee! ¡Chocolateeee!


Consejo de Bruja: si no consigues jengibre confitado puedes prepararlo como enseguida te indico.

*Jengibre confitado

Corta 10g de jengibre en julianas. Haz un almibar con 1/2 taza de azúcar y 1taza de agua, cuando el almibar esté hirviendo agrega el jengibre. Deja cocer por 20 minutos o hasta que el jengibre se ponga transparente. Para pelar el jengibre sólo necesitas usar una cuchara, pues si usas un cuchillo o pelador le arrancarás más carne de la necesaria.


¿Se notan los trocitos de jengibre?

Decidí rallar un poco de chocolate oscuro y blanco para decorar la superficie de la tarta, pero además para honrar también al gato Plutón (al primero y al segundo). "Durante algunos minutos había estado mirando dicho tonel y me sorprendió no haber advertido antes la presencia de la mancha negra en lo alto. Me aproximé y la toqué con la mano. Era un gato negro muy grande, tan grande como Plutón y absolutamente igual a éste, salvo un detalle. Plutón no tenía el menor pelo blanco en el cuerpo, mientras este gato mostraba una vasta aunque indefinida mancha blanca que le cubría casi todo el pecho." (Ibid.)